Con mi mayor enemigo
tengo que vivir así,
y tiene que ir conmigo
desde el principio hasta el fin
haciéndo de mí un mendigo.
Como una sombra tupida
te acabo de descubrir.
Vas jugando con mi vida
en este ir y venir
y el alma tengo perdida.
Él usa mi corazón,
lo cual me preocupa tanto
por no tener la razón.
Va matando al hombre santo
cuando tiene la ocasión.
Aprovecha la ocasión
cuando yo nunca le viera.
Él provoca la explosión
para que salga la fiera
que burla a la razón.
Fiera que llevo escondida
dentro de mi corazón
que va nublando mi vida
sin dejar pasar el sol
a la llaga de esa herida.
En cada hombre hay dos seres
que si no tienen cuidado,
puedes perder los papeles
y sentirte atrapado
en las mallas de sus redes.
En mi ser el perdedor
se va jugando la suerte
con sus derechos y razón
y aveces luchan a muerte
perdiendo siempre los dos.
El bueno es inocente.
El malo un animal
y aveces se odian a muerte
sin encontrar el fanal
de la fibra de la mente.
Nunca paran de luchar.
El bueno es más valiente
y el osado el criminal;
el que siempre está pendiente
para provocar el mal.
Se aconsejan mutuamente,
se tratan de igual a igual.
Cuando se duerme el valiente
aparece el criminal
lo mismo que una serpiente.
Yo tengo que estar pendiente
porque el otro, es audaz.
Siempre le llevo en mi mente
desde el principio al final
porque me clava los dientes.
Cuando me juzgue la gente
¡sin ser capaz de acertar!
¿A quién juzgan, al valiente
o en enjuician al criminal
que siempre fue indiferente?
Voy pensando en los dos seres,
el bueno y el criminal.
Al que sabe sus deberes
y al otro que no es normal.
¿No será que no se quieren?
Cuando les veo, me pregunto.
¿Es que existe alguno más?
Mi propia mente no quiere
este enigma averiguar,
para no saber quien hiere.
O son un tal para cual
¿Por qué sí el yo, siempre vive
y existe el criminal,
cuál de ellos es el que escribe?
¿o existe un tercero más?
Al narrarle mi persona
hay principio sin final.
Si los desdoblo razonan,
unidos no son capaz
de darle a sus vida forma.
En mi mesa hay un retrato,
un Cristo y un santoral.
Son un altar en mi cuarto.
Medito en ese lugar
y de lo que veo, me espanto.
El malo escucha al valiente
sin atreverse a mirar.
Siempre van luchando a muerte
y no se pueden separar
de mi corazón y mente.
Y aquí me tienen a mí
sin saber donde empezar.
Si defiendo al inocente
me ataca el criminal.
Si agasajo la serpiente
me suelo perjudicar.
Creo que lo conveniente
es mantenerme neutral
y que nos juzgue la gente
si son capaces de tal.
viernes, 5 de junio de 2009
martes, 2 de junio de 2009
ME ALIMENTO DE TUS OJOS.
ESTE POEMA ES COMO UNA FLOR
A LA QUE FUE MI ESPOSA.
Me alimento de tus ojos
y de tu rosada piel.
Bebo de tus labios rojos
la dulzura de la miel.
De tu fragancia recojo
tus destellos de mujer.
Voy besando las pisadas
donde tu anduviste ayer.
Voy leyendo tus miradas
una y una y otra vez
y de tus auras heladas
voy bebiéndome la hiel.
Como alcanzarte quisiera
en los páramos del cielo
y ponerte de bandera
en estrellas y luceros
para que el Mundo supiera,
lo mucho que a ti, te quiero.
Te llevaré mientras viva
gravada en mi pensamiento,
más allá del mas arriba
de las fronteras del tiempo
y cuando el cielo lo diga,
se extinguirá lo que siento.
Cuándo apenas ya sea brisas
de una quimera tu cuerpo,
brotarán de mis cenizas
de mi alma y pensamiento,
cascada de alegres risas
de mi amor y sentimiento.
A LA QUE FUE MI ESPOSA.
Me alimento de tus ojos
y de tu rosada piel.
Bebo de tus labios rojos
la dulzura de la miel.
De tu fragancia recojo
tus destellos de mujer.
Voy besando las pisadas
donde tu anduviste ayer.
Voy leyendo tus miradas
una y una y otra vez
y de tus auras heladas
voy bebiéndome la hiel.
Como alcanzarte quisiera
en los páramos del cielo
y ponerte de bandera
en estrellas y luceros
para que el Mundo supiera,
lo mucho que a ti, te quiero.
Te llevaré mientras viva
gravada en mi pensamiento,
más allá del mas arriba
de las fronteras del tiempo
y cuando el cielo lo diga,
se extinguirá lo que siento.
Cuándo apenas ya sea brisas
de una quimera tu cuerpo,
brotarán de mis cenizas
de mi alma y pensamiento,
cascada de alegres risas
de mi amor y sentimiento.
lunes, 1 de junio de 2009
¿CÓMO PODER VALORAR?
MENCIÓN ESPECIAL A LAS SOMBRAS
DEL DOLOR
-
¿Cómo poder valorar
algo de tal magnitud?
¿Cúmo poder abrazar
a esa invisible cruz?
Donde antes había un hogar,
de pronto la destrucción
convierte en un muladar
a toda una población.
Cuando se mira en la tierra
tanta luz, bondad y amor
y que las odiosas guerras
las deshacen con dolor.
El dolor de las estrellas,
de la mar y hasta del sol.
Fuentes de lágrimas bellas
y me atrevo a preguntar,
¿Dónde te guareces, Dios?
Yo no sé, a quien culpar
de esa horrenda destrucción,
si a las estrellas o el mar,
o a la mano del Creador.
¿Por qué no culpar al hombre
que va sembrando explosión?
Y la tierra se estremece
como un barco sin timón.
¿Por qué se ahoga mi hermano
en Turquía o Nicaragua,
o en otros orientes lejanos?
¿Es que los dioses, nos odian?
O es la codicia infernal
que siempre al hombre al devora?
¿Quién podría contestar
cuándo la tierra se enfada?
¿Quién podría remediar
tal destrucción desatada?
Preguntas, muchas preguntas
y todas sin contestar.
Porque el hombre siempre busca
el poder justificar
lo que a tantos nos asusta.
El hombre siempre se mata
con su invento de la guerra,
como si ya no bastará
con la furia de la tierra.
Qué vengan luces más claras
para iluminar las mentes,
haber si así terminaran
de matarse entre parientes.
¿Por qué se erigen en dioses
y van creando el dolor
los hombres a grandes voces?
¿Para superar a Dios?
Y hasta le hacemos culpable
de nuestra falta de amor,
cuando el propio responsable
es el hombre sin pudor.
DEL DOLOR
-
¿Cómo poder valorar
algo de tal magnitud?
¿Cúmo poder abrazar
a esa invisible cruz?
Donde antes había un hogar,
de pronto la destrucción
convierte en un muladar
a toda una población.
Cuando se mira en la tierra
tanta luz, bondad y amor
y que las odiosas guerras
las deshacen con dolor.
El dolor de las estrellas,
de la mar y hasta del sol.
Fuentes de lágrimas bellas
y me atrevo a preguntar,
¿Dónde te guareces, Dios?
Yo no sé, a quien culpar
de esa horrenda destrucción,
si a las estrellas o el mar,
o a la mano del Creador.
¿Por qué no culpar al hombre
que va sembrando explosión?
Y la tierra se estremece
como un barco sin timón.
¿Por qué se ahoga mi hermano
en Turquía o Nicaragua,
o en otros orientes lejanos?
¿Es que los dioses, nos odian?
O es la codicia infernal
que siempre al hombre al devora?
¿Quién podría contestar
cuándo la tierra se enfada?
¿Quién podría remediar
tal destrucción desatada?
Preguntas, muchas preguntas
y todas sin contestar.
Porque el hombre siempre busca
el poder justificar
lo que a tantos nos asusta.
El hombre siempre se mata
con su invento de la guerra,
como si ya no bastará
con la furia de la tierra.
Qué vengan luces más claras
para iluminar las mentes,
haber si así terminaran
de matarse entre parientes.
¿Por qué se erigen en dioses
y van creando el dolor
los hombres a grandes voces?
¿Para superar a Dios?
Y hasta le hacemos culpable
de nuestra falta de amor,
cuando el propio responsable
es el hombre sin pudor.
viernes, 29 de mayo de 2009
FUEGO DEL CORAZÓN.
ESTE POEMA SE ENCUENTRA EN EL
LIBRO LAS CONFESIONES DE MARU.
Sólo decirle a, mi amor:
–Si tú no hubieses nacido
sería el olvido mayor
que el Cielo habría cometido.
Mira si sería aberrante
que olor no tendrían las flores,
ni valores los brillantes
si tú no hubiese nacido.
Si tú no hubiese nacido
el amor, no existiría.
La vida sería una nube
sin rumbo en la soledad.
Sería un beso escondido
que nadie pondría encontrar.
Si tú no hubieses nacido
se secarían los mares
y los peces se ahogarían
dormidos en las montañas
de zafiros y corales;
donde la luz se acaricia
con el Febo al despertar.
¡Crepúsculos de rodillas
llorarían al preguntar!
¿Si tú no hubieses nacido
cómo se podría explicar
el color de las estrellas
o la sonrisa del mar,
si tú no hubieras nacido?
¡Ay! Si tú no hubieses nacido
mejor sería morir
o si quieres estar dormido
en el Olimpo hasta el fin.
Si tú no hubieses nacido
no sentiría el calor
de tu aliento en mis oídos,
ni tampoco de tus besos
el explosivo estallido
dentro de mi corazón,
si tu no hubieras nacido.
LIBRO LAS CONFESIONES DE MARU.
Sólo decirle a, mi amor:
–Si tú no hubieses nacido
sería el olvido mayor
que el Cielo habría cometido.
Mira si sería aberrante
que olor no tendrían las flores,
ni valores los brillantes
si tú no hubiese nacido.
Si tú no hubiese nacido
el amor, no existiría.
La vida sería una nube
sin rumbo en la soledad.
Sería un beso escondido
que nadie pondría encontrar.
Si tú no hubieses nacido
se secarían los mares
y los peces se ahogarían
dormidos en las montañas
de zafiros y corales;
donde la luz se acaricia
con el Febo al despertar.
¡Crepúsculos de rodillas
llorarían al preguntar!
¿Si tú no hubieses nacido
cómo se podría explicar
el color de las estrellas
o la sonrisa del mar,
si tú no hubieras nacido?
¡Ay! Si tú no hubieses nacido
mejor sería morir
o si quieres estar dormido
en el Olimpo hasta el fin.
Si tú no hubieses nacido
no sentiría el calor
de tu aliento en mis oídos,
ni tampoco de tus besos
el explosivo estallido
dentro de mi corazón,
si tu no hubieras nacido.
jueves, 28 de mayo de 2009
CONVENCIDO DE LA VERDAD
Yo sé que Él, es mi padre.
Todo lo que soy lo debo a Él.
No existe nada ni nadie
que me pueda hacer volver
a lo que fui de cobarde,
cuando no le quise ver.
Aquel día qué lo negué,
fue la mayor cobardía
que un ser pueda cometer.
Perdonó mí felonía
y aún no puedo comprender
el amor que Él, me tenía.
Quisiera volver a nacer
para hacer mi vida un sueño,
del que nunca desperté,
y que me sienta pequeño
que a nadie pueda ofender,
y mucho menos a Él.
Por lo cual intento hacer
de mi ser un hombre nuevo
que jamás pueda ofender
a Dios, que bien sé que llevo,
fundido, dentro de mi piel,
cómo el metal ¡Compañero!.
Sólo le pido riquezas
de las palabras y de amor.
Y cuando siento tristeza;
le digo –¡Gracias, Señor!
Por acordarte de mí
y aceptarme esta oración,
la que nunca he de omitir
en ara de las criaturas,
que a pesar de su Psufrir,
siempre te dirán ¡Te quiero!
Con lo cual soy muy feliz.
¡Tú sabes que soy sincero!
Todo lo que soy lo debo a Él.
No existe nada ni nadie
que me pueda hacer volver
a lo que fui de cobarde,
cuando no le quise ver.
Aquel día qué lo negué,
fue la mayor cobardía
que un ser pueda cometer.
Perdonó mí felonía
y aún no puedo comprender
el amor que Él, me tenía.
Quisiera volver a nacer
para hacer mi vida un sueño,
del que nunca desperté,
y que me sienta pequeño
que a nadie pueda ofender,
y mucho menos a Él.
Por lo cual intento hacer
de mi ser un hombre nuevo
que jamás pueda ofender
a Dios, que bien sé que llevo,
fundido, dentro de mi piel,
cómo el metal ¡Compañero!.
Sólo le pido riquezas
de las palabras y de amor.
Y cuando siento tristeza;
le digo –¡Gracias, Señor!
Por acordarte de mí
y aceptarme esta oración,
la que nunca he de omitir
en ara de las criaturas,
que a pesar de su Psufrir,
siempre te dirán ¡Te quiero!
Con lo cual soy muy feliz.
¡Tú sabes que soy sincero!
miércoles, 27 de mayo de 2009
¿SI SÓLO FUISTES UN SUEÑO?
¿Si sólo fuiste un sueño
por qué tengo que llorar,
cual llora un niño pequeño?
Me gustaría despertar
acariciando tu pelo
sobre mi barca en el mar
y después, mirar al cielo
con los ojos sin mirar
y escuchar aquél, ¡Te quiero!
que en mis sueños oí gritar
¿O fue tal vez, el frío hielo
que inunda mi soledad?
Dejadme que despliegue las
alas de los sueños,
en las cumbres de la noche
y después,
abrazar las lágrimas del viento
y las los ojos de las estrellas,
sepultadas en el vientre del pasado.
Quiero volar con el aire,
rasante, sobre las olas del mar
y acariciar el espejo,
que apenas puedo tocar,
lo que ya duerme tan lejos
de tus auras cual fanal.
No sé si será locura
querer besar el silencio
donde duerme la dulzura
que anida en mi pensamiento.
Pero en ¡cuántas veces pienso!
si no fui una criatura
que nunca estuvo en el tiempo,
ni siquiera en fantasía
lo trémulo de este cuerpo.
Quiero volar en la noche
porque no me basta el día:
para arrancarle a las sombras
su donaire a la poesía.
La que se enredó en mi alma
con yerta melancolía,
y llegó a mí, tal tesoro
que el cielo me concedía.
Una noche o una maña
cuando creí que dormía.
Dejadme ahogar los suspiros
de ese eterno amanecer,
hasta que las nubes blancas
que cabalgan en mi frente,
sean sólo una caricia
que en el viento salte y jueguen,
como hojas amarillas
que se pierden en los ríos
entre aguas transparentes.
¡Ni aun así! Sabré como llamarte,
porque las lenguas del tiempo
habrán deshecho tu estambre.
por qué tengo que llorar,
cual llora un niño pequeño?
Me gustaría despertar
acariciando tu pelo
sobre mi barca en el mar
y después, mirar al cielo
con los ojos sin mirar
y escuchar aquél, ¡Te quiero!
que en mis sueños oí gritar
¿O fue tal vez, el frío hielo
que inunda mi soledad?
Dejadme que despliegue las
alas de los sueños,
en las cumbres de la noche
y después,
abrazar las lágrimas del viento
y las los ojos de las estrellas,
sepultadas en el vientre del pasado.
Quiero volar con el aire,
rasante, sobre las olas del mar
y acariciar el espejo,
que apenas puedo tocar,
lo que ya duerme tan lejos
de tus auras cual fanal.
No sé si será locura
querer besar el silencio
donde duerme la dulzura
que anida en mi pensamiento.
Pero en ¡cuántas veces pienso!
si no fui una criatura
que nunca estuvo en el tiempo,
ni siquiera en fantasía
lo trémulo de este cuerpo.
Quiero volar en la noche
porque no me basta el día:
para arrancarle a las sombras
su donaire a la poesía.
La que se enredó en mi alma
con yerta melancolía,
y llegó a mí, tal tesoro
que el cielo me concedía.
Una noche o una maña
cuando creí que dormía.
Dejadme ahogar los suspiros
de ese eterno amanecer,
hasta que las nubes blancas
que cabalgan en mi frente,
sean sólo una caricia
que en el viento salte y jueguen,
como hojas amarillas
que se pierden en los ríos
entre aguas transparentes.
¡Ni aun así! Sabré como llamarte,
porque las lenguas del tiempo
habrán deshecho tu estambre.
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