En la velada trovera
que hicisteis con alegría.
Manteniendo sin quimera
la verdadera poesía.
Derramando por la boca
con la guitarra en la mano.
El trovero, Angel Roca
desafió al Palmesano.
El pueblo Cabopaleño
con amor os saludamos.
Al gran hombre tan pequeño,
el Balandra, y tan humano.
Riquezas de abierto mar.
Rizos de olas bravía.
Yo os quiero dedicar
con humildad ésta poesía.
Humildad cierta y sincera.
Pongo entusiasmo y desvelos
para poder agradecer
ésta velada al trovero.
Es el arte, de Marín,
de Castillo, y de Piñero.
Es la escalera sin fin
que al hombre, le legó cielo,
para expresar y decir
el arte de los trovero.
Homenaje al trovero
que imita con ilusión
a los que están en el cielo.
Les mando mi oración
a los que emprendieron vuelo
dejándonos el corazón
con estrofas en el tintero.
Pescadores, ¡marineros!
que con aplausos invocan
a el equipo de troveros
que representa, Angel Roca.
Desde el ultimo al primero
trovan, según se les toca.
Me expreso como lo siento
con las verdades más puras
y de saludaros intento,
sin ponerme a las alturas
de su rico pensamiento.
¡Perdonarme, la frescuras!.
Con la musa del trovero
os quiero felicitar.
Son estrofas de un minero
que vive en este lugar,
contemplando los lucero
y la sonrisa del mar.
En este rincón de España
un hombre puede soñar,
con las mayores hazaña
que jamás pudo pensar,
que en sus estrechas entrañas
le pudiera entrar la sal,
que a veces hacen llorar
las punzadas sonrosadas
de los bucles de la mar.
El pueblo de Cabo Palos.
Su Virgen y los marineros,
el día de su patrona
felicitan a los troveros,
en sus hidalgas personas,
con la pluma de un minero.
Sacando de mi memoria
esas noches sin igual.
Páginas para la historia
que dejasteis bien plasmas,
como bendición y gloría.
Sois la sal de nuestra mar.
Tengo en mis labios un cantar
que no expreso como quiero,
es más duro que el metal.
Si abrieran mi pecho entero
lo podrían comprobar.
viernes, 22 de mayo de 2009
jueves, 21 de mayo de 2009
A LOS POETAS...
Recuerdo a Ramón Giménez,
Alberti y los Machados,
igual que a Rubén Darío.
Pienso en los que se han marchado.
Todos ellos con sus sueños
y pensamientos plasmados.
Pensamientos que hoy son míos
para los que se han quedado.
Al volar sus sentimientos,
poéticas,notas, ponían
que galopando en el tiempo
por el mundo sembrarían
surtidores de lamentos,
con estrofas de poesías,
más allá del firmamento
sin penas y con alegrías.
Lanzadas como motores
al poeta que vendría.
Emanando surtidores
con gritos de fantasía.
Como flores de colores,
haciendo de la poesía
los grandes ríos de amores
con estrofas y elegías.
¡Mirad en la tierra, doctores
cómo crece la poesía!
Cosecha del corazón
que suenan como timbales
lo que será una canción,
convertida en manantiales
literarios de ilusión.
Donde nacen los pilares
con rocas de inspiración,
de los más bellos caudales.
Almas de tantos poetas
que jamás, ninguno a muerto.
Van navegando en goletas
hasta llegar aquél puerto
donde está la puerta abierta,
más allá del pensamiento
o de murallas del tiempo,
donde no existe un lamento.
Nos legaron la ocasión
de darle vida a los muertos.
A muertos que vivos son
en sombra de tanto evento.
Son niños en el corazón
que siempre estarán despiertos
sus sueños en la mansión
de los dioses. ¡Como cuentos!
Aprovecho mí afición
para recordar los muertos
que viven en mí corazón,
como navíos sin puertos.
Viven en mis pensamientos.
Son como una bendición
para prodigar eventos.
Son igual que una mansión
donde se adentra mi cuerpo
mi alma, fibra y corazón.
Son muertos que están despiertos
más allá de la razón
de campiñas de los vientos,
de la luna y del sol,
de manantiales de cuentos
en la eternidad de Dios.
Por eso estoy contento
cuando me adentro en la voz
de sus íntimos adentro,
de sus almas como flor
que no marchita, ni el tiempo.
Alberti y los Machados,
igual que a Rubén Darío.
Pienso en los que se han marchado.
Todos ellos con sus sueños
y pensamientos plasmados.
Pensamientos que hoy son míos
para los que se han quedado.
Al volar sus sentimientos,
poéticas,notas, ponían
que galopando en el tiempo
por el mundo sembrarían
surtidores de lamentos,
con estrofas de poesías,
más allá del firmamento
sin penas y con alegrías.
Lanzadas como motores
al poeta que vendría.
Emanando surtidores
con gritos de fantasía.
Como flores de colores,
haciendo de la poesía
los grandes ríos de amores
con estrofas y elegías.
¡Mirad en la tierra, doctores
cómo crece la poesía!
Cosecha del corazón
que suenan como timbales
lo que será una canción,
convertida en manantiales
literarios de ilusión.
Donde nacen los pilares
con rocas de inspiración,
de los más bellos caudales.
Almas de tantos poetas
que jamás, ninguno a muerto.
Van navegando en goletas
hasta llegar aquél puerto
donde está la puerta abierta,
más allá del pensamiento
o de murallas del tiempo,
donde no existe un lamento.
Nos legaron la ocasión
de darle vida a los muertos.
A muertos que vivos son
en sombra de tanto evento.
Son niños en el corazón
que siempre estarán despiertos
sus sueños en la mansión
de los dioses. ¡Como cuentos!
Aprovecho mí afición
para recordar los muertos
que viven en mí corazón,
como navíos sin puertos.
Viven en mis pensamientos.
Son como una bendición
para prodigar eventos.
Son igual que una mansión
donde se adentra mi cuerpo
mi alma, fibra y corazón.
Son muertos que están despiertos
más allá de la razón
de campiñas de los vientos,
de la luna y del sol,
de manantiales de cuentos
en la eternidad de Dios.
Por eso estoy contento
cuando me adentro en la voz
de sus íntimos adentro,
de sus almas como flor
que no marchita, ni el tiempo.
sábado, 9 de mayo de 2009
A LA BANDERA ESPAÑOLA
Antes no vi la bandera
con respeto e ilusión,
ni aún lo fue tan siquiera
cuando un día mi batallón,
juraba y hacía promesa
de amor a nuestra Nación.
Pero en cambio sin saber
ni porque fue la razón.
Recuerdo que hasta lloré.
Y lloré porque el dolor
me traspasó el corazón,
cual si rasgaran mi piel.
La bandera dibujaba
el abrazo de una madre
que en sus entrañas llevaba,
un feto bañado en sangre
que a sus entresijos arañaba,
y el pecho de parte a parte.
Lloré cuando vi aquel brillo
de ese rojo que se extiende,
derramado en amarillo.
Ahora mi mente comprende
porque un color tan sencillo,
lanza a los hombres a la muerte
y en las más arduas campañas
salen sus furias y valor.
Sin mirar que sus entrañas
sufrirán el mayor dolor.
Así se defiende a España
con gran dignidad y honor.
Todavía creo que lloro
con las nauseas del baladres,
porque veo que es, el tesoro
que legaron nuestros padres.
Ya que el amarillo es oro,
y en el rojo está la sangre
de los hombres con decoro.
¡No pises nuestra bandera
si eres hombre y español!
Mírala como si fuera
la luz de tu propio sol.
Porque no hay mayor ceguera,
ni aberrante deshonor
que compararse pudiera.
El que niega su color,
es como negar la madre
que le dio vida y amor.
Y la bandera es la sangre
que por ti, se derramó
a través de nuestros padres
con respeto e ilusión,
ni aún lo fue tan siquiera
cuando un día mi batallón,
juraba y hacía promesa
de amor a nuestra Nación.
Pero en cambio sin saber
ni porque fue la razón.
Recuerdo que hasta lloré.
Y lloré porque el dolor
me traspasó el corazón,
cual si rasgaran mi piel.
La bandera dibujaba
el abrazo de una madre
que en sus entrañas llevaba,
un feto bañado en sangre
que a sus entresijos arañaba,
y el pecho de parte a parte.
Lloré cuando vi aquel brillo
de ese rojo que se extiende,
derramado en amarillo.
Ahora mi mente comprende
porque un color tan sencillo,
lanza a los hombres a la muerte
y en las más arduas campañas
salen sus furias y valor.
Sin mirar que sus entrañas
sufrirán el mayor dolor.
Así se defiende a España
con gran dignidad y honor.
Todavía creo que lloro
con las nauseas del baladres,
porque veo que es, el tesoro
que legaron nuestros padres.
Ya que el amarillo es oro,
y en el rojo está la sangre
de los hombres con decoro.
¡No pises nuestra bandera
si eres hombre y español!
Mírala como si fuera
la luz de tu propio sol.
Porque no hay mayor ceguera,
ni aberrante deshonor
que compararse pudiera.
El que niega su color,
es como negar la madre
que le dio vida y amor.
Y la bandera es la sangre
que por ti, se derramó
a través de nuestros padres
jueves, 7 de mayo de 2009
VOY ENTERRANDO SUSPIROS
Voy enterrando suspiros
que dejan sus grandes huellas;
dejando en mi alma aquellas
la nostalgia en los respiros
de una inolvidables huellas.
Nada tengo que decir
en el ocaso de esta noche,
al no ser de aquel derroche
que Dios deposita en mi.
Con la luz de un nuevo día
de una inmensa claridad
que me da con su bondad,
un manantial de alegría.
Buenas noches, compañera.
Buenas noche, amor mío.
Voy ahogando mí quimera
entre calores y el frío.
Mirada limpia del alma
que con los ojos vendados,
se va escondiendo en la calma
mi corazón desolado.
¿Cómo aparcar el sentido
e impulsos del corazón?
¿O decirle al pensamiento
que no use la razón
de aquello que brota dentro,
más allá de una ilusión?
Sólo sé enterrar suspiros
al fondo de mi interior.
Y dale a los que me creen
un ramillete de amor.
que dejan sus grandes huellas;
dejando en mi alma aquellas
la nostalgia en los respiros
de una inolvidables huellas.
Nada tengo que decir
en el ocaso de esta noche,
al no ser de aquel derroche
que Dios deposita en mi.
Con la luz de un nuevo día
de una inmensa claridad
que me da con su bondad,
un manantial de alegría.
Buenas noches, compañera.
Buenas noche, amor mío.
Voy ahogando mí quimera
entre calores y el frío.
Mirada limpia del alma
que con los ojos vendados,
se va escondiendo en la calma
mi corazón desolado.
¿Cómo aparcar el sentido
e impulsos del corazón?
¿O decirle al pensamiento
que no use la razón
de aquello que brota dentro,
más allá de una ilusión?
Sólo sé enterrar suspiros
al fondo de mi interior.
Y dale a los que me creen
un ramillete de amor.
sábado, 25 de abril de 2009
LAS PUNZADAS DEL SILENCIO
Punzadas del silencio en la oscuridad.
Gritos de sombras de cualquier amanecer
y lágrimas del cielo, que bañan la soledad
del espacio comprimido de mi ser,
para no llegar jamás a parte alguna
de la mansión oculta de mi cielo,
ni al silencio parido en la laguna
donde duerme algún corazón de hielo.
Sin una gota, lúcida de esperanza
que acalle el silencio de la nada.
Me basta la oscuridad y la añoranza
para entretener mi alma traspasada,
con el garfios opolístico cual pinceles
que dibujaban los ojos de una cara,
como hojas amarillas de claveles
que quedaron en mi frente tatuadas.
Y la luna traspasaba la mirada
del silencio. Del silencio que no calla.
Pido que le rompan los brazos al silencio
con fusiles y casquetes de metralla.
Cómo quisiera partirle en dos mitad
y hundir su grito en las cascadas
y poderle decir a la humanidad
que esos gritos son los ecos de mi alma.
¿Dónde están los vientos que azotaron
las cenizas que quedaron apagadas?
¿No hay nada en las noches que escuchar?
Apenas si su aullido y las miradas.
En múltiples, astros del firmamento,
se escuchan las lágrimas de la estrellas
que rugen en el silencio como el viento
cual danzarines en orgías de doncellas.
Se oyen en florales y campiñas desoladas
y en los dientes de la noche al despertar
las murallas sin fronteras de una amada
que se ahogan en el silencio sepulcral.
Llamar, llamar al silencio que no calla
y llevarles a los ríos y cañadas
y pedirle de mi parte que se valla
a esconderse en las sombras de la nada.
Ronquidos del silencio que es el llanto.
Llanto desesperado en las alturas.
No hay puertas para él en el camposanto
y se adentra sin pudor en las sepulturas.
Se le encuentra en los campos de batallas.
En muladares, sustento de criaturas,
mientras tantos, se cubren de medallas.
El silencio se extiende en amarguras.
¿Es qué no hay nadie qué diga, calla
al silencio sin cuerpo ni figura?
Yo sé, que no tiene cara
pero es sombra opaca de amargura.
Cuando brama el silencio en la cascada
o se extiende en la yerta sepultura,
se convierte en el filo de una espada
que traspasa el corazón con desmesura.
Soy un alma en el silencio, ya quemada.
De la soledad, tan sólo un peregrino
que camina en los brazos de la nada,
como hojas en un viento sin destino.
Es como si fuese, un alma errante
que cabalga en sendero negativo
y mi sombra es del viejo caminante
que sonríe al silencio sin motivo,
porque éste no escucha el lamento,
y sus fauces devoran hasta el alma.
Nadie puede escucharle en el desierto,
pero en cambio yo siento que me llama.
El silencio, hay, el silencio fue mi amigo
y comparte mis recuerdos con bondad,
aunque a veces, sus gritos los maldigo
cuando interrumpe mi paz en la soledad.
Y en la zaragata del delirio al volar,
desfilan como hormigas los recuerdos.
Y me responde el silencio sin cesar:
-¿Estás loco y pretendes ser un cuerdo?
Siento sus garfios en la densa soledad.
Siento su voz en el bramar de las olas
y cuando llega la fría oscuridad
me consuela sólo con decirme ¡Hola!
Hay veces que se asoma al desconsuelo
y me pregunta dulcemente –¿Por qué lloras?
Entonces me arrodillo y miro al cielo
y le respondo:
–Voy buscar el olvido de Pandora
y entonces es cuando llega
el mayor consuelo de su voz:
–Deja pasar las horas
y no temas al reloj.
Y si quieres llorar, ¡Llora!
pero no tengas dolor.
Porque tu esposa. ¡Tu Lola!
está en tu corazón:
Y repite el silencio ¡Hola!
porque en mis gritos está Dios.
Gritos de sombras de cualquier amanecer
y lágrimas del cielo, que bañan la soledad
del espacio comprimido de mi ser,
para no llegar jamás a parte alguna
de la mansión oculta de mi cielo,
ni al silencio parido en la laguna
donde duerme algún corazón de hielo.
Sin una gota, lúcida de esperanza
que acalle el silencio de la nada.
Me basta la oscuridad y la añoranza
para entretener mi alma traspasada,
con el garfios opolístico cual pinceles
que dibujaban los ojos de una cara,
como hojas amarillas de claveles
que quedaron en mi frente tatuadas.
Y la luna traspasaba la mirada
del silencio. Del silencio que no calla.
Pido que le rompan los brazos al silencio
con fusiles y casquetes de metralla.
Cómo quisiera partirle en dos mitad
y hundir su grito en las cascadas
y poderle decir a la humanidad
que esos gritos son los ecos de mi alma.
¿Dónde están los vientos que azotaron
las cenizas que quedaron apagadas?
¿No hay nada en las noches que escuchar?
Apenas si su aullido y las miradas.
En múltiples, astros del firmamento,
se escuchan las lágrimas de la estrellas
que rugen en el silencio como el viento
cual danzarines en orgías de doncellas.
Se oyen en florales y campiñas desoladas
y en los dientes de la noche al despertar
las murallas sin fronteras de una amada
que se ahogan en el silencio sepulcral.
Llamar, llamar al silencio que no calla
y llevarles a los ríos y cañadas
y pedirle de mi parte que se valla
a esconderse en las sombras de la nada.
Ronquidos del silencio que es el llanto.
Llanto desesperado en las alturas.
No hay puertas para él en el camposanto
y se adentra sin pudor en las sepulturas.
Se le encuentra en los campos de batallas.
En muladares, sustento de criaturas,
mientras tantos, se cubren de medallas.
El silencio se extiende en amarguras.
¿Es qué no hay nadie qué diga, calla
al silencio sin cuerpo ni figura?
Yo sé, que no tiene cara
pero es sombra opaca de amargura.
Cuando brama el silencio en la cascada
o se extiende en la yerta sepultura,
se convierte en el filo de una espada
que traspasa el corazón con desmesura.
Soy un alma en el silencio, ya quemada.
De la soledad, tan sólo un peregrino
que camina en los brazos de la nada,
como hojas en un viento sin destino.
Es como si fuese, un alma errante
que cabalga en sendero negativo
y mi sombra es del viejo caminante
que sonríe al silencio sin motivo,
porque éste no escucha el lamento,
y sus fauces devoran hasta el alma.
Nadie puede escucharle en el desierto,
pero en cambio yo siento que me llama.
El silencio, hay, el silencio fue mi amigo
y comparte mis recuerdos con bondad,
aunque a veces, sus gritos los maldigo
cuando interrumpe mi paz en la soledad.
Y en la zaragata del delirio al volar,
desfilan como hormigas los recuerdos.
Y me responde el silencio sin cesar:
-¿Estás loco y pretendes ser un cuerdo?
Siento sus garfios en la densa soledad.
Siento su voz en el bramar de las olas
y cuando llega la fría oscuridad
me consuela sólo con decirme ¡Hola!
Hay veces que se asoma al desconsuelo
y me pregunta dulcemente –¿Por qué lloras?
Entonces me arrodillo y miro al cielo
y le respondo:
–Voy buscar el olvido de Pandora
y entonces es cuando llega
el mayor consuelo de su voz:
–Deja pasar las horas
y no temas al reloj.
Y si quieres llorar, ¡Llora!
pero no tengas dolor.
Porque tu esposa. ¡Tu Lola!
está en tu corazón:
Y repite el silencio ¡Hola!
porque en mis gritos está Dios.
miércoles, 22 de abril de 2009
SI YO PUDIESE LOGRAR
Me gustaría alcanzar
el más absoluto perdón.
Llegaría hacer, mi paz
toda, fragancia de amor.
¿Por qué se paró el reloj
cuándo apenas empezó andar?
Veo del Febo el resplandor
y la misma hora dad.
Se ha parado la tierra,
y no anda la humanidad.
Se partió el eje del orbe
¿Quien lo podrá reparar?
Los montes están varados
en las arenas del mar.
Las aguas se están quemando
y el viento ¿A dónde está?
El garfio punzante
de la Luna clara
y el sol brillante
se esconde tras de su cara.
Las nubes en batallones
desfilan como guerreros
y el iris sin escaleras
va a pernoctar en los cielos;
cabalgando sin espuelas
a la grupa de luceros.
Se asfixia el agua del mar.
El glaucos se deteriora
en la gran profundidad
y las aves todas lloran
por no encontrar densidad,
ni el color de la amapola.
Las sombras galopan como un felino,
clavando los dientes afilados de su boca,
en las garras hundidas del camino
que retuercen a las yedras en la roca.
La luna se abraza al sol
como el rocío en la noche
en el cáliz de la flor
y no encuentra en ningún sitio
un ápice de calor;
porque se ha secado el viento
y ya no andaba el reloj,
ni se movía la tierra
ni el coral tenia color.
Todos gritamos a Dios,
para que el orbe volviera
a girar alrededor
de la suntuosa esfera
y que volviera el reloj
a la fértil paramera
aunque acuestas del dolor
que antes de pararse hubiera.
Y entonces, Dios nos plantó
sobre la faz de la tierra
un pedazo de su amor,
con semilla nueva y bella
y al hombre le coronó
con poder sobre las fieras.
Crecieron sueños en ellas
e ilusión en el corazón.
Crecían cosas tan bellas
que el hombre le dijo a Dios.
–Déjame mirar aquellas
que un día quemó el reloj.
Volvieron las golondrinas,
La luna y la luz del sol.
Volvieron cosas tan finas
que al hombre se le olvidó
cuando un día en una esquina
se le parara el reloj.
¡Claro qué se le olvidó
el color de la escalera
que le llevaría hasta Dios!
Y reincidió en la primera
cuando tuvo la ocasión.
Creció cizañas en aquellas
la envidia y la sinrazón.
Sin ver que habían estrellas
de fragante luz y calor,
y mucho más, allá de ellas
él no vimos que estaba Dios,
en un jardín de doncellas
que un día ya fueron flor.
Hoy le contemplamos ellas,
lo mismo que el labrador
plantaría la semilla
con el fuego de su amor.
Por ser hombre sufro y lloro.
al hacer con mi razón
"Otro becerro de oro"
dentro de mi corazón...
el más absoluto perdón.
Llegaría hacer, mi paz
toda, fragancia de amor.
¿Por qué se paró el reloj
cuándo apenas empezó andar?
Veo del Febo el resplandor
y la misma hora dad.
Se ha parado la tierra,
y no anda la humanidad.
Se partió el eje del orbe
¿Quien lo podrá reparar?
Los montes están varados
en las arenas del mar.
Las aguas se están quemando
y el viento ¿A dónde está?
El garfio punzante
de la Luna clara
y el sol brillante
se esconde tras de su cara.
Las nubes en batallones
desfilan como guerreros
y el iris sin escaleras
va a pernoctar en los cielos;
cabalgando sin espuelas
a la grupa de luceros.
Se asfixia el agua del mar.
El glaucos se deteriora
en la gran profundidad
y las aves todas lloran
por no encontrar densidad,
ni el color de la amapola.
Las sombras galopan como un felino,
clavando los dientes afilados de su boca,
en las garras hundidas del camino
que retuercen a las yedras en la roca.
La luna se abraza al sol
como el rocío en la noche
en el cáliz de la flor
y no encuentra en ningún sitio
un ápice de calor;
porque se ha secado el viento
y ya no andaba el reloj,
ni se movía la tierra
ni el coral tenia color.
Todos gritamos a Dios,
para que el orbe volviera
a girar alrededor
de la suntuosa esfera
y que volviera el reloj
a la fértil paramera
aunque acuestas del dolor
que antes de pararse hubiera.
Y entonces, Dios nos plantó
sobre la faz de la tierra
un pedazo de su amor,
con semilla nueva y bella
y al hombre le coronó
con poder sobre las fieras.
Crecieron sueños en ellas
e ilusión en el corazón.
Crecían cosas tan bellas
que el hombre le dijo a Dios.
–Déjame mirar aquellas
que un día quemó el reloj.
Volvieron las golondrinas,
La luna y la luz del sol.
Volvieron cosas tan finas
que al hombre se le olvidó
cuando un día en una esquina
se le parara el reloj.
¡Claro qué se le olvidó
el color de la escalera
que le llevaría hasta Dios!
Y reincidió en la primera
cuando tuvo la ocasión.
Creció cizañas en aquellas
la envidia y la sinrazón.
Sin ver que habían estrellas
de fragante luz y calor,
y mucho más, allá de ellas
él no vimos que estaba Dios,
en un jardín de doncellas
que un día ya fueron flor.
Hoy le contemplamos ellas,
lo mismo que el labrador
plantaría la semilla
con el fuego de su amor.
Por ser hombre sufro y lloro.
al hacer con mi razón
"Otro becerro de oro"
dentro de mi corazón...
martes, 21 de abril de 2009
UN DESTELLO EVANGELICO
El siguiente poema está en
el libro El Grito del Silencio.
UN DESTELLO EVANGELICO.
*
Quise encontrar en el viento
y entre las olas del mar
a Dios con mi pensamiento,
y tan sólo pude hallar
el tronar del elemento,
y Dios no estaba de tras.
¡Y entonces dije: ¡en el fuego
tal vez le pueda encontrar!
¡que amargor que sentí luego
por no saberle buscar!
Compredí que estaba ciego.
¡Ciego sin saber mirar!
Dios se acuna el alma
de trasparente cristal
y siempre que alguien le llama
se deja acariciar,
como el jazmín o una dama
sin buscar la vanidad.
Porque dios esta en las flore,
en el rocío, el coral,
está en los corazones
de los hombres,
fundido como el metal,
fomentando sus valores
con el dulzor del panal.
Yo sé que está en las estrellas
y en los ojos de mujer,
y entre las cosas más bellas,
también en el amanecer.
¡Yo fui contemplando aquellas
y empece a comprender!
Desde entonces yo, a los vientos,
como vientos los miré,
y a todos los elementos
y jamás a Dios busque,
porque Dios estaba dentro,
dentro de mi propio ser.
el libro El Grito del Silencio.
UN DESTELLO EVANGELICO.
*
Quise encontrar en el viento
y entre las olas del mar
a Dios con mi pensamiento,
y tan sólo pude hallar
el tronar del elemento,
y Dios no estaba de tras.
¡Y entonces dije: ¡en el fuego
tal vez le pueda encontrar!
¡que amargor que sentí luego
por no saberle buscar!
Compredí que estaba ciego.
¡Ciego sin saber mirar!
Dios se acuna el alma
de trasparente cristal
y siempre que alguien le llama
se deja acariciar,
como el jazmín o una dama
sin buscar la vanidad.
Porque dios esta en las flore,
en el rocío, el coral,
está en los corazones
de los hombres,
fundido como el metal,
fomentando sus valores
con el dulzor del panal.
Yo sé que está en las estrellas
y en los ojos de mujer,
y entre las cosas más bellas,
también en el amanecer.
¡Yo fui contemplando aquellas
y empece a comprender!
Desde entonces yo, a los vientos,
como vientos los miré,
y a todos los elementos
y jamás a Dios busque,
porque Dios estaba dentro,
dentro de mi propio ser.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)